Durante dos días, nuestra comunidad educativa recibió la valiosa visita de la Hermana Ana Georgina Rozas Gutiérrez, representante de la Oficina de la Causa de Beatificación y Canonización de Madre Bernarda Morín. Su presencia fue un verdadero regalo, pues se reunió con todos los estamentos del colegio, incluyendo estudiantes y el centro de padres, compartiendo reflexiones profundas sobre la vida y legado de la Sierva de Dios.
El objetivo de la Hermana Ana Rozas fue acercarnos a Madre Bernarda más allá de su obra, destacando su dimensión humana: una mujer que dignificaba la vida de cada persona que se acercaba a ella, entregando no solo cuidado, sino también herramientas para ser útiles en la sociedad. Desde 1956 se ha iniciado un camino hacia su santidad, impulsado por el clamor del pueblo que la conoció en vida. Tras su muerte, incluso se la reconoció como “santa” por quienes la acompañaron, y hoy su historia se conserva en más de 26 volúmenes revisados por historiadores en Roma, actualmente en estudio por teólogos.
La Hermana Ana nos motivó a usar la “cajita de favores” de Madre Bernarda, ubicada en la entrada del colegio, como un espacio de oración y gratitud, donde cada miembro de la comunidad puede depositar sus intenciones y peticiones. Recordó que Madre Bernarda caminó por los pasillos de nuestro colegio y que su presencia sigue viva entre nosotros.
En sus palabras, la Hermana Ana Rozas expresó: “Estar aquí y tener la posibilidad de estar en el colegio de Ovalle es una bendición de Dios. Durante mi estadía he estado muy contenta de reunirme con las estudiantes, todos los estamentos y el centro de padres. Esperé y planifiqué este momento con mucha emoción. Este colegio es un lugar de encuentro y acogida donde siento fuertemente la presencia de la Sierva de Dios, Madre Bernarda Morín, un lugar donde se dignifica y forma la vida de las estudiantes para ser ciudadanas útiles para la sociedad.”
Finalmente, citó la carta apostólica del Papa León XIII, quien señaló que “La educación cristiana es una obra coral”, recordándonos que nadie educa solo: somos un nosotros, llamados a respetar al otro y a dar oportunidades de crecer desde las habilidades y cualidades que cada uno posee.



















