Por primera vez, la invitación se extendió no solo a los colegios católicos, sino también a establecimientos no confesionales, lo que convirtió la celebración en una hermosa instancia de unión para toda la comunidad educativa de la ciudad.
La Eucaristía fue presidida por el Padre Alejandro Silva, de la Vicaría de la Educación, quien recordó las palabras del Papa Benedicto XVI, alentando a los niños y jóvenes a abrir su corazón a Jesús, a no tener miedo de entregarse completamente a Él y a hacerse sus amigos, porque Jesús lo entrega todo y no quita nada.
En su homilía, el Padre compartió también dos grandes dolores:
- La crueldad de las guerras actuales, intensificadas por el uso de la tecnología en la destrucción, que deja a niños y jóvenes mirando su futuro con incertidumbre. Invitó a rezar por las familias y sacerdotes que sufren en medio de estos conflictos.
- La violencia que ha llegado a los colegios, recordando que estos son los segundos hogares donde los padres confían a sus hijos. Llamó a fortalecer la confianza en las familias, compañeros y comunidades educativas para lograr una buena convivencia escolar.
Durante la presentación de las ofrendas se entregaron las insignias de los colegios asistentes, como signo de identidad y compromiso; los ramos de olivo, símbolo de esperanza; y el pan y el vino, que se transforman en el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Posteriormente se realizó la tradicional bendición de mochilas, que representan no solo libros y útiles, sino también los proyectos, sueños y aspiraciones de los estudiantes, para que siempre estén orientados al bien común de la familia y la sociedad.
Al finalizar, todos los colegios posaron juntos en el frontis de la capilla, como señal de unión y optimismo por el inicio de este nuevo año académico.






































