Hoy, bajo el techado de nuestro colegio, la comunidad educativa se reunió para celebrar con gratitud y esperanza los 173 años desde la llegada de Madre Bernarda Morín y las Hermanas de la Providencia a Chile, acontecimiento que marcó el inicio de una obra fecunda en servicio y educación. La Eucaristía fue presidida por el Padre Jorge Arancibia Mancilla, quien nos invitó a renovar nuestra fe y compromiso con el legado providente.
El 17 de junio de 1853, el barco Elena arribó al puerto de Valparaíso con las religiosas canadienses que, desde entonces, dedicaron su vida al cuidado de los niños huérfanos y, más tarde, a la creación de colegios, internados y hogares de ancianos.
Durante la procesión de las ofrendas se presentó el cirio pascual, signo de Cristo resucitado que ilumina nuestras vidas; un libro con pensamientos de Madre Bernarda, testimonio de su fe y entrega; alimentos no perecibles, compartidos con las familias más necesitadas; y el pan y el vino, frutos de la tierra y del trabajo de los hombres que se transforman en el Cuerpo y la Sangre del Señor.
En las peticiones, se pidió al Señor por las Hermanas de la Providencia, para que continúen acogiendo con tierna compasión a quienes más sufren: niños, adolescentes, adultos mayores, matrimonios y personas en situación de calle. También se oró por nuestra comunidad educativa y por el don de nuevas vocaciones.
La celebración se enriqueció con la participación de la Academia de Danza, que representó a Madre Bernarda y ofreció la canción Gracias a la vida de Violeta Parra, como expresión de gratitud y esperanza.
Al finalizar, las Hermanas de la Providencia —Hermana Ana Delia Silva, Hermana María Eugenia Arancibia y Hermana Elvira Letelier— recibieron presentes de parte de la Fundación Educacional, el equipo directivo, docentes, asistentes de la educación y el centro de estudiantes, gesto que reflejó la gratitud de toda la comunidad.





















































































